dimecres, 9 de juliol de 2008

MANUAL PRÁCTICO PARA DESCUBRIR A PERFECTOS FARSANTES (II)

Por sus hazañas los reconocerán: Un perfecto farsante es un excelente fajador en el cuerpo a cuerpo y un gran embaucador gracias a sus dotes para todo tipo de retórica. Capaz a la mínima de nutrir su cuenta de acciones en un gatuperio repleto de exquisiteces inalcanzables. No reparará esfuerzos en auto-adularse, en alardear de conocimientos admirables y en pelotillear por todo lo alto a quien sea menester y cuando se requiera –aquellos incautos que están por encima y pueden mediar directamente para ascender al farsante-, buscando siempre el beneficio propio. Eso es lo único que les mueve. La finalidad, cualquiera: sexo, dinero, más poder, ascenso social, lo que sea, pero siempre beneficiario.

Y por su vocabulario los descubrirán: Las simplezas que son capaces de decir para conseguir colar sus farsas son dignas de estudio. Hay muchas, yo relataré los campos y en ningún caso citaré ejemplos, aunque los hay muy trillados. Sólo pretendo enumerarlos, porque clasificarlos sería imposible dada la multitud de temas y conversaciones que pueblan el mundo y entraríamos en terrenos propios de la estupidez.

Síntomas del perfecto farsante:

-Su forma de ser es la mentira: cargado con ella recurre a lugares comunes y se gana la confianza de la gente inquiriendo en sus gustos.

-Por la boca muere el pez (la retórica): Todo perfecto farsante tiene siempre en su boca la respuesta más socorrida para cada ocasión. Para ello se alimenta de coletillas aprendidas y robadas durante años a otros, los verdaderos creadores. Pasea sin ninguna impunidad un terrible dominio de todo tipo de frases hechas, dichos y refranes populares, leyendas urbanas, coletillas, chistes, chismorreos, tópicos del idioma y frases de películas que desgranarán a toda hora y bajo cualquier circunstancia.

-Saben adaptarse mucho al medio (de ello depende su supervivencia). Para ello gozan de una capacidad de empatía y una inteligencia emocional muy elevada. Aquí también entra en juego el arte de la pelotería: Siempre que sea necesario avalarán en público al incauto para hacerle parecer estimado y ganarse así su favor.

-Pecan de populismo: Siempre huyen de la medida más impopular. Sus gustos culturales (musical, deportiva, cinematográfica, etc.) son los más corrientes, para calar mejor en sus propósitos.

-Nunca pretenden acarrear responsabilidades donde deban mojarse, dejarían de ser eficaces. Aunque eso si, no dudarán en pisotear a los demás si es necesario, pero no sin antes adornarlo para endosarle la culpa a otro y desligarse de todo castigo. Un farsante pocas veces será el jefe de algo.

-La moral y sus formas les repudian. Eso sí, su dominio hace que nadie se lleva mal con ellos (necesitan ser aceptados), a menos que se sea conocedor de su condición.

-Y por último, nunca actúan de dos en dos. Cuando hay más de un farsante, chocan irremediablemente. No pueden convivir con iguales, reducirían su campo de acción y acabarían desaprobando cada acción del otro sin entender que así se dan descrédito a si mismos.


Filmografía básica: Match Point de Woody Allen.
... des de La Ribera per al món...